Hemos matado a la moda

 

“No existe el arte, tan sólo hay artistas” Ernst Gombrich.

El arte es el uso de la habilidad y la imaginación para crear experiencias, eso dicen.
Pues de experiencias estamos llenos pero, ¿Logramos transmitirlas?
Por supuesto.

Veréis podría comenzar haciendo una retrospectiva de la moda desde sus inicios para llegar hasta aquí, al cambio que ha convertido a la moda en estilo y que ha cambiado al maniquí por la modelo, una modelo mutante, una modelo dispuesta a enfrentarse a cualquier combate, una modelo con grandes dotes de interpretación. Pero no lo voy a hacer porque quiero captar vuestra atención como hacéis vosotros cuando salís a la calle.

Sí, estoy hablando del uso estratégico de nosotros mismos que bajo la mirada de los demás utilizamos para transmitir lo que sea; un sentimiento, un estado, un estilo.

Nos transformamos en sujetos curioseables. Se trata de salir a la calle a curiosear, a destapar identidades que nos proporcionen ideas, que nos ayuden a interpretar. Como cuando leemos un libro, o vemos una película, o cuando nuestra abuela nos cuenta una historia, o el slogan de un anuncio e infinitas cosas que hacemos en busca de interpretación, directa o indirecta pero pura interpretación.
Porque eso es la vida, vivir en tiempos cambiantes, con seres completamente diferentes y que nosotros interpretamos día a día para poder convivir.

Y volviendo a la moda como modo de comunicación podemos decir que la ropa en sí misma ya no es sinónimo de moda, porque la moda ya ha muerto, y ha dado paso al estilo. Y si alguien cree que no lo ha hecho todavía, acabo de matarle, tienen que disculparme.

Un estilo que se ha bautizado gracias a unos padrinos insuperables que han marcado las pautas durante muchas décadas, que han estudiado cada momento al detalle y han creado una discografía brutal de la cual ahora podemos elegir nuestras canciones favoritas y escucharlas a nuestro antojo.

Antes de los años 90, la prenda por medio de estos maestros daba vida a la modelo, algo increíble ¿no? Pero démonos cuenta de que la modelo quedaba completamente obsoleta, por ello yo le prefiero llamar maniquí, porque los signos de su vida se ausentan y no se trata de eso, se trata de tener una actitud romántica e imaginar a la persona que lleva esas prendas y todo lo que ha vivido con ellas. Abarcamos un campo más amplio, la vida.

La moda se hace memorial, rebuscamos en ese museo imaginario y somos nosotros quienes hacemos de nuestra vida una historia construida a base de signos tomados de décadas pasadas.
No consiste en llevar ropa, consiste en apropiarse de ella, de dar vida a personajes protagonistas, de interiorizar experiencias bajo símbolos, de hacerlas propias, de estilizar la vida cotidiana.
Salimos a la calle en busca de historias, nuevas o ya vividas que nos camelen por su diferencia o nos hagan explotar nuestra memoria y recordemos porqué nos gusta tanto esa prenda concreta en esa modelo concreta.

Dice Christian Salmon, inspirador de este artículo, entre otros muchos, sociólogos o profesionales de marketing de la moda, que para ser vendible un producto debe ser portador de universos narrativos, vector de experiencias…nosotros ahora vendemos lo que una prenda puede transmitir si yo la llevo, y eso se llama estilo. Transmitimos una personalidad, le decimos al mundo nuestra manera de entenderlo.

Aunque en estos tiempos de cambio hasta me atrevería a decir que nos alquilamos, lo que hoy vendemos, mañana será agua pasada para muchos y esto sucederá siempre.

Somos creadores de nosotros mismos, somos lo que Salmon denomina individuos fashinables, no lo olviden.

 

Blog Alexandra Pais

 

Alexandra Pais Rodríguez

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