Entrevista a Ismael Crespo Amine

Hace un tiempo que sigo con atención a los integrantes del “colectivo ultrarracionalista” Homo velamine: revista, blog, grupo de intervención performativa, creadores de virales, filósofos, artistas, literatos… Conforman algo similar a lo que, en el período de entreguerras del siglo XX se definía como “movimiento” de vanguardia: un grupo interdisciplinar de acción artística y política encaminado a transformar el arte, la vida y la sociedad en su conjunto, si bien en el siglo XXI no puede darse el cariz utópico y casi “ingenuo” de aquellos tiempos cargados de promesas. Por contra, en la era Zuckerberg, bajo el imperio de Ana Rosa Quintana y el triunfo del cuñadismo, no podemos ya pensar sino en cómo tomarnos la grotesca realidad del modo más serio posible. Este es uno de los objetivos del Ultrarracionalismo: “pensar a la bajeza de los tiempos”. Para ello, Homo Velamine despliega todo su ingenio bajo diferentes propuestas: “Hipsters con Rajoy” o “Cleroflautas” han sido algunas de sus intervenciones más sonadas. Para hacer justicia a sus actividades, mas allá de esta pobre descripción, es necesario acudir a su página web y dejar que ellos mismos se expliquen:

www.homovelamine.com

El ultrarracionalismo es, sin duda, uno de los movimientos más interesantes de los últimos tiempos, un soplo de aire fresco en el enrarecido panorama cultural-artístico-intelectual español, y una propuesta para reformular los impasses y enconos propios de nuestro tiempo, nuestra generación y de nuestro país.

Hoy entrevistamos a Ismael Crespo Amine, el brazo filosófico del colectivo, y co-autor, junto a José Carlos Cañizares-Gaztelu, del libro aún-no-publicado “Iniciación al Ultrarracionalismo”, libro que recoge y sistematiza los preceptos filosóficos detrás de Homo Velamine: el sistema filosófico del ultrarracionalismo, del cual la cuñadología es una de sus ramas.

P:Afirmáis que la Filosofía Ultrarracionalista es la última oportunidad que tiene la Filosofía ( instalada en sus torres de marfil o en la vaga figura del intelectual) de entender a un Pueblo embrutecido, cuya esencia es más patente en el estadio Bernabeu que en cualquier libro (salvo que sea éste de Belén Esteban). ¿Por qué?

R:Nunca me ha gustado la metáfora de la Torre de Marfil, no solo porque es un instrumento retórico para justificar el presentismo y la acción irreflexiva, sino porque justamente constituye el Ideal práctico del Filósofo. A mí me encantaría tener una Torre de Marfil, esto es, vivir en una torre-biblioteca cerca de las costas en una casa de madera oscura llena de mapas y reliquias, con botellas de licores buenos y una máquina de café de primera calidad. La Torre de Marfil es un medio para un fin, y no un fin en si mismo, de esta manera, personalidad filosóficas importantes han vivido en cierto régimen espartano y en la lejanía asumiendo papeles políticos de algún peso, quiero decir de «algún peso» porque un filósofo y sus opiniones siempre han sido una gota en el océano, por eso filósofos conscientes de la impotencia del pensar filosófico deciden censurarse -porque no merece la pena-: como Aristóteles se larga de Atenas o Kant deja de escribir sobre religión cuando muere Federico el Grande. En lo fundamental no creo que ningún filósofo deba hacerse demasiado el gallito con sus opiniones a riesgo de que le asesinen, no merece la pena; a los que han matado siempre ha sido por ser más papistas que el papa, como Giordano Bruno, esto es: a teólogos y científicos, ambas especies específicas de un mismo género de “Motivados Mentales”.

Respondiendo más concretamente a tu pregunta, considero que hay una opción digna para la Filosofía, esta posición implica una retirada y un distanciamiento del mundo, y esto me parece muy admirable cuando es verdadero y no es una estrategia de marketing, entiendo como filósofo español paradigmático de esta actitud a Felipe Martínez Marzoa, pero atención: no por el contenido, sino por el «gesto». Al igual que Marzoa se ocupa de estudiar aquel Festín del pasado según dice en su Historia del 73, nosotros nos ocupamos de las materias excrementicias resultantes de tal festín, sobre todo a partir de los autores más «duros» del siglo XIX y XX y a partir del estudio de la tecnología. En este proyecto, al que llamamos «Ultrarracionalista», el estudio del Pueblo a nivel etnofenomenologico y emic es clave y fundamental. Resumimos las primeras líneas del Ultrarracionalismo en un punto fundamental:

  1. Evitar dar diagnósticos sobre problemas contemporáneos, con excepción de ofrecer una demostración a partir de las condiciones actuales de la necesidad del colapso civilizatorio, previniendo cualquier tipo de ingenuidad que no se haga cargo de esta realidad: este tipo de ingenuidad es hoy el principal dogma, y afecta a prácticamente todos los sectores sociales, desde los vagabundos y artistas bohemios hasta Durao Barroso, los pedagogos o los economistas. Dentro de esta demostración se encuentra la necesaria constatación de que el Valor-Grasa constituye el concepto central de una Ontología del presente. El Valor Grasa no solo es un concepto con una extensión en el campo de la salud o la ecología, sino que extiende sus garras hacia cualquier ámbito de la experiencia humana, desde caminar por una ciudad, ir al cine o entrar en una librería.
    Este punto no es incompatible con la actitud de los «buenos filósofos» con proyectos personales interesantes, los proyectos de estos filósofos parecen ser las siguientes:
  2. La retirada más digna posible, esto es, no pronunciarse sobre temas políticos de actualidad, negarse a dar discursos edificantes. Menos aún usar máximas filosóficas (típicas de las épocas más decadentes de la Filosofía) para intentar aliviar los problemas cotidianos de la vida. No proponer incienso, lo cual implica, un aristocrático silencio, entendiendo por aristocrático silencio no echar más grasa a los hornos que cocinan el pan de la actual cultura.
  3. Asumir el fin de las grandes palabras del pasado -Verdad, Bien, Belleza- como actualmente nada, topos que hace mucho perdieron el suelo que les daba vida. De hecho, solo se puede hablar de las grandes palabras para remitir al vacío y la carencia.
  4. Por último, dedicarse a la exégesis y al talmudismo para detectar la distancia existente entre nuestro presente actual (sombrío y sin ningún aliciente más allá de la propia supervivencia y el regocijo humorístico de la decadencia) y el pasado del que nació la Alta Philosophia, entendiendo por ella aquello que comenzó en la Grecia Heroica y termina, en lo fundamental, con Karl Marx. La Filosofía posterior, si merece la pena, ha sido por participar en (4) o haber repetido la Historia de la Filosofía de forma más o menos sugerente, para acabar en los mismos fracasos o en las mismas aporías.

Ahora bien, ¿contra qué filósofos vamos? Contra aquellos que no se dedican a (2) (3) y (4) porque no leen el pasado y por lo tanto lo inventan a cada momento, entorpeciendo la labor hermenéutica e interpretativa del pasado, y además que se dedican a (1) con una ignorancia respecto -no solo ya el pasado y la tradición filosófica- a su propio presente, hablándonos de «ideales morales» o «éticas» cuando lo que hace falta es justamente asumir que ya no se puede hacer absolutamente nada más que hacerse cargo de la catástrofe que está por venir, y que cualquier ideal posible está destinado al fracaso por el tipo de Pueblo que hay, así como las dinámicas actuales en las relaciones sociales de producción, lo cual, por cierto, hay que estudiar en detalle, en vez de aludir, como dice Heidegger o Adorno a la «racionalidad técnica de dominio» (Lo cual no deja de ser una forma de Idealismo). La comprensión del Pueblo a nivel etnofenomenológico es pues una de las vías tomistas para la demostración del colapso material.

P: Voy a permitirme el lujo de sacar aquella frase tan manoseada de D&G según la cual la auténtica función del filósofo es la creación de conceptos. Vosotros en esto vais sobrados, pues vuestra imaginación nos ha regalado toda una serie de geniales términos como: valor-grasa, gente amelie, empleo y gol, etc. ¿Cómo abordas esta faceta tan creativa del filosofar en contra de la impostura académica que nos suele empujar a ser meros comentaristas de los grandes filósofos del canon?

R: Impugno la pregunta, me parece que lo que hace falta son buenos comentaristas de la historia de la Filosofía actualmente. Lo que sobra es originalidad, lo que falta es exégesis. Una muestra de ello es la proporción de gente que venía leyendo libros «de vanguardia» sin haber sentado las bases, esto es: se leía a Foucault sin haber cogido un libro de Platón, lo cual me parece un error absoluto.

P: Retomando la última pregunta… Vuestra filosofía es ácida, transgresiva y profusa en conceptos novedosos. Me recuerda mucho al estilo del Comité Invisible- Tiqqun, colectivo especialmente creativo en cuanto a términos “originales” (Bloom, Jovencita, ZOO, etc.), si bien, a mi parecer, su estilo es mucho más cenizo e incluso cándido. ¿Que opinión te merece este grupo-actvista-filosófico y qué semejanzas o diferencias guarda el movimiento ultrarracionalista con él?

R: He ojeado el libro «A nuestros amigos» y no he podido pasar de las primeras páginas, hay un artículo de César Renduelles, autor con el que no suelo coincidir demasiado, que expone sin más todo lo relevante en torno a la cuestión de los Tiqqun. Se nos dice entre otras cosas:

“Los autores del Comité Invisible se imaginan peligrosos y audaces. La verdad es que resultan cursis, como casi siempre lo es la reivindicación vitalista de la autenticidad y el nihilismo antiinstitucional que entiende la política como un “gesto”. Tal vez un buen argumento en defensa de la autoría tradicional es que fomenta, si no la responsabilidad intelectual, sí al menos un cierto pudor que la multitud destituyente necesita como agua de mayo.”

El País 

 

P: Has desarrollado una enjundiosa teoría del humor y de la ironía. Cuando comento algunas de vuestras ideas a mis amigos siempre dicen que estáis de coña. Sin embargo no hay nada más serio que el Ultrarracionalismo. ¿Qué relación hay entre el humor y esta filosofía?

R: No hay ninguna relación entre el humor  y el Ultrarracionalismo. El hecho de que nos miren con humor solo es muestra de que nadie se toma realmente en serio la realidad, esto es: que los lectores necesitan pensar que esto se trata de una broma porque les explotaría la cabeza si supieran lo que realmente son las cosas en su absurdez y grotesquiedad. No somos una lupa con la que mirar el mundo, el Ultrarracionalismo es la manera privilegiada de comprenderlo.

Esto es independiente del hecho de que haya una teoría de las cuatro formas de la Ironía, que por cierto, será publicada en Homo Velamine 12. Por decirlo de forma sumaria y sin rodeos – y adelantando la tesis que se defiende en dicho número-  entendemos que ante el fracaso de la Ilustración -y por ende del proyecto de la Razón- lo único que le queda hacer a la Razón es ser consciente de la imposibilidad para llevar a cabo su proyecto. Esto es, que la Razón hoy, si quiere continuar, ha de hacerlo como Razón irónica (distanciada de sí misma y de sus anhelos políticos). Al igual que el racionalista, después de la experiencia del siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI, solo puede ser “Ultrarracional

P: En el libro todavía no publicado sobre el Ultrarracionalismo apostais por una filosofía que no pretende ser una disciplina, cosificada y aislada del resto de esferas de la vida, sino una actitud ante la misma, una pasión por el saber, sin distingos entre alta y baja cultura, ágora o letrinas. Y sin embargo, ¿no será la filosofía siempre elitista por cuanto exige una dedicación que poca gente le puede otorgar , especialmente en una sociedad donde el ocio se gestiona en torno a la intrascendencia de lo que llamáis, entre otras cosas, el valor-grasa (películas de Marvel, artículos clickbait, etc.). ?

R: En parte por eso he modificado el libro no publicado, me he dado cuenta de que había poros incoherentes, una especie de «tender la mano» hacia alguna actitud de protesta o reforma, nada de esto es algo que podamos sostener hoy. Sobre lo que dices de la Filosofía, es cierto que sea aristocrática, pero no necesariamente porque haya una esfera de la imagen que medie la vida cotidiana, siempre ha sido algo elitista por el alto costo en tiempo ( lo cual es incompatible con la esclavitud o el proletariado) y por el elevado precio de los libros. Esto último, por ejemplo, no me hubiera permitido a mi estudiar Filosofía, a pesar de haber sido un triste becario toda mi estancia en la Universidad, de no haber sido por los libros pirata de Internet y las bibliotecas.

P: A priori, la filosofía ultrarracionalista es una adaptación de la filosofía de Heidegger a la verdadera realidad de la geografía española y de nuestra época, aderezada con una profunda visión marxista y socio-política “patria”. En lo que me parece quizá uno de los movimientos más inteligentes de vuestra teoría, apostáis por una etnofenomenología de la Meseta, frente a la apelación de Heidegger a un Das Man que solo explicita los problemas existenciales del propio Heidegger ¿Puedes explicarnos, a nosotros: gallegos periféricos, cuál es la esencia de lo meseto? ¿Es el cuñado el Dasein de la Meseta ? ¿Es la Meseta el Welt (mundo) de este existenciario?

R: Dada la complejidad de este asunto, te respondo con un capítulo inédito sobre la etnofenomenología de la Meseta.

P: En la página de Cuñadología, uno de los buques insignia del movimiento ultrarracionalista (junto a Homo Velamine) has estado desgranando tus desventuras en el Máster de Profesorado.¿Cuál crees que es el papel de la filosofía en la enseñanza y, viceversa, el papel de la pedagogía en la filosofía? ¿Debe enseñarse filosofía (o historia de la filosofía) a los púberes, so pena de banalizarla en una suerte de manual de frases de autoayuda, o quizá deberíamos dejarla para aquellos capaces de sufrir incontables horas tratando de escudriñar la Fenomenología del espíritu, Ser y Tiempo, o el Tractatus?

R: En lo que a nosotros respecta, siempre hemos defendido que habría que prohibir la Pedagogía y acabar con el sistema obligatorio de enseñanza. En vez de eso, planteamos un mero Jardín Educativo donde haya libros, acceso a Internet, un gimnasio y algunos maestros que resolvieran dudas con las materias más abstractas como la Lógica, la Matemática. El mejor profesor no puede ser mejor que el peor libro. De todas maneras, nuestras opiniones sobre Pedagogía y Educación son largas de exponer, en parte demuestran esta conclusión pasando por una demostración rigurosa que no cabe hacer aquí por falta de espacio. Ya expondremos estas opiniones en su momento.

P: Todos odiamos a Byung Chul Han y sus “píldoras” pseudo-filosóficas. Sin embargo, no debe estar la filosofía a la “bajeza de los tiempos”, como sueles decir? ¿No debe volverse banal, ecléctica, fast y efectiva?

R: En parte esta pregunta ya está respondida más arriba, pero aquí quiero hacer una precisión conceptual: no es lo mismo una Filosofía que practique la vigilancia respecto a la bajeza de los tiempos que una Filosofía llena de bajezas que sea la expresión de los tiempos.

P: Tú mismo has desarrollado una cierta filosofía sobre el meme. ¿Por qué crees que se ha vuelto un lenguaje tan extendido y popular entre los jóvenes como incomprensible para las vetustas generaciones?

R: Prefiero responder con la conferencia que di sobre el tema, en el minuto 40 de este video aprox.

P: Volvamos por último al colectivo-revista Homo Velamine Sus actos, actitudes y textos se asemejan a los de las vanguardias, surrealismo, dadaísmo, letrismo, situacionismo de principios y mediados de siglo XX… Sin embargo, su continuación, las neo-vanguardias de finales del s.XX y comienzos del XXI son más casposas que los tertulianos de la Noche en 24H, están ancladas en la desnortada nostalgia de sus predecesoras y su falta de impacto los relega a los museos, donde rápidamente devienen productos artísticos cuyo único cometido es “escandalizar” educadamente a la aristócrata de turno. Homo velamine, sin embargo, se caracteriza por una total maestría en el dominio del lenguaje de internet, la lógica de lo viral y el meme, lenguajes todos de nuestro tiempo. ¡Hasta tal punto que habéis “troleado” las redes de comunicación del PP y de Podemos con más eficacia que ellos mismos! ¿Os sentís como una neo-vanguardia del siglo XXI? ¿Un poder disruptor? ¿O simplemente como cuatro locos haciendo el idiota, cosa que siempre hubo?

R: El Ultrarracionalismo se distancia de las vanguardias, pues estas no dejan de ser intentos bizarros de superar las aporías de la Ilustración, a saber, intentar combatir con lo irracional la tendencia actual de la sociedad civil. Y este fracaso se debe a que las vanguardias presuponían que el enemigo era la Razón, que es justamente lo auténticamente ausente en el mundo, en parte por esto las vanguardias han sido amigas del marketing y a la postre muchos artistas de ese tiempo auténticos payasos de la burguesía decadente. Burguesía decadente a la cual en vez de brindarle arte subversivo habría que decapitar en la Guillotina eléctrica en la Puerta del Sol, cual es una de las máximas del Ultrarracionalismo. Por eso, es absurdo pretender ser subversivo hoy siendo surreal, justamente en una época histórica que es ya de facto y de iure surrealista. Es como intentar echarle más fuego al fuego, y esto es algo extensible a Slavoj Zizek (el cual por otra parte está ligado a las vanguardias eslovenas), pues el filósofo cree que “cuanto peor, mejor”, cuando el resultado evidente de la historia es que cuanto peor, peor.

El problema hoy en día es que, aunque la Ciencia diga misa, la gente va a pensar lo que le da la gana. Esto es una cosa que queda clara buceando en Internet, donde te encuentras desde los grupos de apoyo al PP (auténtica caverna donde las haya) o las páginas de terraplanistas. Y es que la esfera pública está mediada por el espectáculo y por la autodestrucción humorística, y no por algo así como esa Razón Ausente, solamente presente en su versión servilista del Capital.

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Guillermo Rodríguez Alonso

Graduado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela, Máster en Estudios Comparados por la UPF y Doctorando en Filosofía Contemporánea por la USC. Natural de Vigo y residente en Val Miñor.

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