En torno a un sable de luz

La fascinación que siento por el sable de luz lleva meses fastidiándome. Esta herramienta Jedi es el único elemento que logra que mi interés por el universo Star Wars siga intacto, a pesar de la mierda de guiones, el machismo flagrante, el imperialismo neocolonial americano, la ideología de Hollywood, el racismo, etc. Al menos en lo referente al “canon”, pues el universo expandido (que Disney se pasó por el forro) ha sido bastante más loable en cuanto a profundidad narrativa y desarrollo mitológico. Y es que – no creo que nadie lo dude ya – Star Wars ha terminado por conformar una poderosa mitología moderna; un mito “pastiche”, eso sí, pero que condensa de algún modo todas las potencialidades multiformes de la mitología, con sus arquetipos, sus universales, sus iconos… Y para mí, el icono fundamental es el falo de luz.

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¿Por qué esta fascinación que siento por el falo de luz? Quizá porque se trate de un falo luminoso, tecnológico, de diseño. El sable luz es como la katana del samurai, su símbolo, su esencia, su atributo. Además tiene esa capacidad retráctil propia del falo: se envaina y se desenvaina. ¿Y qué me decís de esos sonidos que hace cuando choca con otro sable o simplemente corta el aire? Exquisitos. Se hacen así.

En la tradición pseudo-mística de la saga, cada Jedi debe construirse su propio sable de luz; forma parte de su entrenamiento, de su sabiduría. Debe ensamblar cada una de las piezas: la célula de energía, el modulador, el condensador y lo más importante: el cristal. Este cristal algo así como la materialización geológica de la Fuerza misma y es lo que le da el color al sable. Cristal rojo = sable luz rojo. Cada Jedi debe ir a buscarlo a una cueva, y si de paso tiene una experiencia mística allí, mejor. Una vez conseguidas todas las piezas, el Jedi usa sus poderes telequinéticos (mentales, racionales, abstractos) para ensamblar todas las piezas y ya tiene su falo listo.

El Jedi no precisa un sable de luz para ser Jedi, pero muchos opinan que es un símbolo que trae esperanza, que inflama los corazones, que inspira a la gente a seguir el lado luminoso (¡el progreso!). El falo te proporciona la libertad. Es símbolo de ello. Libertad para domeñar al resto, libertad para engañar, matar, desviar disparos de bláster, , usar truquitos mentales jedi, abrir puertas metálicas, etc.  Hasta tal punto es importante que yo creo que sin sable de luz no eres un Jedi… serás un hechicero raro, un shaolin del espacio, un diplomático, un cónsul, pero no un caballero Jedi. El Jedi necesita la espada y viceversa, son un binomio inseparable. Un momento… ¿No será, más bien, que es el sable el que necesita al Jedi? ¿Acaso no es el sable el verdadero protagonista de la historia? ¿Acaso no son los sables los que utilizan a los Jedi y a los Sith para sus luminosos propósitos? ¿Acaso no son ellos los que han escrito todo el drama con su necesidad de salir, de erección, de desplegar su luz? Todo el conflicto galáctico, la guerra de las galaxias, podría ser solamente la lucha del falo luminoso por salir y mostrarse, un exhibicionismo visual, sonoro, sensual. Una “lucha de pirolas” por el puro espectáculo de una tecnología desbocada, rampante, triunfadora.

lucha de pirolas

Y es que otra cosa fascinante del sable luz es la simultaneidad de lo ultra tecnológico y lo arcaico. En el propio universo de Star Wars se consideran armas anticuadas. Como dice Obi Wan en el episodio IV, se trata de armas nobles a diferencia de un bláster, arma rastrera y cobarde. Sin duda existen armas más poderosas, pero en manos de un Jedi el falo de luz es capaz de todo, pese a ser, desde el punto de vista militar, un arma un tanto ridícula. Ahora bien, tiene ese aire retrofuturista que nos encandila. Parece una obra de ingeniería bastante casera, con su diseño funcional, casi cyberpunk. Al menos cuando hablamos de los sables clásicos, tanto el de Luke Skywalker como el de Anakyn. En este artículo tenéis un pequeño repaso de los diseños y sus creadores. Se puede apreciar incluso una evolución en el diseño del sable de luz, desde lo cyberpunk hasta la estética Apple.

No en vano, en el sable de luz se imbrican dos de los grandes sueños de nuestra era: tener una herramienta fálica de poder y dominación a la vez que un objeto de alta tecnología resplandeciente y envidiable. Se entremezcla el deseo de tener un i-phone última generación y una katana ancestral (valga como ejemplo la siguiente imagen). Técnica y falo, falo y técnica. La tecnología es el método mediante el cual hemos dominado a la naturaleza… y otros seres. Un falo para dominarlos a todos. El Jedi es un guerrero de la tecnología, pese a todo su rollo shaolin budista. Un guerrero del capitalismo, de la técnica transformadora y configuradora del mundo.

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Esta técnica (o tecnología) mediante la cual hemos dominado y transformado la naturaleza, y cuyo símbolo es el sable de luz – ese martillo cósmico, ese cuchillo para desollar mamuts del espacio – nos ha conducido a crear la ciencia en sí misma como forma de relacionarnos con el mundo. En el sable láser se condensa el gozo por la herramienta más primaria ( como aquel homínido de 2001: Space Odyssey, que coge una quijada y traspasa su propia animalidad en aras de la tecnología) y, a la vez, la fascinación por el ingenio retro-futurista que simboliza el dominio de la luz (el fuego). Ya desde Caín, que renunció a la agricultura precisamente al empuñar esa otra quijada con la que mató a Abel, la técnica ha sido la forma fundamental de relación con el mundo. Tanto es así – que sólo accedemos al mundo mediante la técnica, desenfundando el falogocentrismo – que hemos olvidado el misterio que se esconde tras las cosas, lo oculto, lo que no se deja transformar ni presentar como objeto. El falo de luz es el símbolo del dominio de la naturaleza mediante el martillo y el fuego. Es la herramienta de Prometeo capaz de violar la misma Naturaleza. La luz llegará a toda la galaxia. Los jedi (más bien los falos de luz que los dirigen) dominarán el mundo, los shaolins de la ciencia. El verdadero protagonista de toda la saga es el falo de luz, la técnica conformadora de mundo, el martillo que remite al clavo que a su vez remite a la mesa que remite a la habitación que remite al mundo. Todas las guerras son guerras del falo de luz, y los Jedi, los Sith, meros títeres.

Guillermo Rodríguez Alonso

Graduado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela, Máster en Estudios Comparados por la UPF y Doctorando en Filosofía Contemporánea por la USC. Natural de Vigo y residente en Val Miñor.

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