Aquí no hay nada para ver

Hace poco anunciaban que ISIS había colocado explosivos en la ciudad arqueológica de Palmira, en Siria. La noticia es pésima, apenas informa, se queda en titular. Acudo a la página web del informante: el observatorio sirio para los derechos humanos. Para mi sorpresa, la noticia del observatorio se reduce a una simple nota de apenas unas líneas:

IS militants have planted IEDs and mines in the Ancient City of Palmyra in the eastern countryside of Homs; it is unknown whether they have mined the city in order to destroy the antiquities or to prevent the regime forces from getting advance towards the city.

Clashes took place between the regime forces and allied militiamen against IS militants around the village of Om Jame’ in the eastern countryside of Homs, information about casualties on both sides.

Sin duda es una noticia menor para el observatorio sirio, que parece más preocupado por los civiles muertos, tal y como debe ser (aún pese la poca fiabilidad que desprende dicha institución). Sin embargo, de las múltiples noticias que este aporta sobre violaciones de derechos humanos (asesinatos, bombardeos indiscriminados de civiles, de ambulancias, de colegios…) no se hace eco ningún periódico occidental. A los medios occidentales les parece más relevante el peligro patrimonial que el humano.

Palmira, una ciudad romana en formidable estado de conservación, está ahora plagada de explosivos. Sin duda, esto es más notorio que las vidas humanas perdidas en sus inmediaciones, cosa, por lo demás, bastante frecuente.

Palmira, una formidable ruina del desierto, está a punto de volar por los aires. Está a un “tris” de borrarse del mapa.

Hace unos meses, ISIS publicaba este vídeo sobre la absoluta destrucción de las ruinas asirias de Nimrud.

En 1953, Robert Rauschenberg fue al estudio de Wilhem De Kooning con una insólita proposición: quería que el maestro le diera un dibujo suyo original para proceder a su borrado. La obra resultante es el famoso Erased de Kooning (De Kooning borrado). Un cuadro donde antes había un dibujo: ahora no hay nada. Nada-para-ver.

En 1952, un año antes, John Cage idea su obra maestra: 4’33”. Es una pieza musical en tres movimientos cuya partitura consta únicamente de silencios. Nada-para-escuchar.

Mucho antes, en torno a 1915, el ruso K. Malevitch había pintado Cuadrado negro sobre fondo blanco y el todavía más inquientante Cuadrado blanco sobre fondo blanco. Nada-para-ver.

¿Qué nos quieren decir estas obras?

ISIS parece ser el único grupo artístico con potestad para hacer performances a la altura de los tiempos. Tras sus experimentos con la muerte-espectáculo, o muerte HD viral, y tras la fundacional y definitiva “obra de arte total” del 11-S a manos de no-se-sabe-quién (¿una defensa de la muerte del autor?), el califato islámico parece otorgarnos un nuevo acto de “borrado”. Nos ofrece una contundente respuesta ante la patrimonialización patológica de la UNESCO, ante las vilezas de la industria cultural, ante la banalización cosificada de la experiencia de consumo del arte. Contra la mercantilización capitalista, ISIS nos ofrece el arte del siglo XXI, el borrado del producto, un nuevo camino del arte conceptual, una esperanza iconoclasta.

Llega un nutrido grupo de turistas alemanes en autocar a las ruinas de Palmira. Salen en tropel, cámara en mano, con su piel enrojecida por el inefable sol. Comienzan a impacientarse… ¿donde está el lugar turístico? ¿Donde esas ruinas romanas del folleto? Allí sólo hay un desierto infinito. Un hombre vestido de negro, con larga barba y rifle, se acerca y les grita:

– Váyanse. Aquí no hay nada-para-ver.

Erased De Kooning (1953). Robert Rauschenberg

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Guillermo Rodríguez Alonso

Graduado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela, Máster en Estudios Comparados por la UPF y Doctorando en Filosofía Contemporánea por la USC. Natural de Vigo y residente en Val Miñor.

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